Existe un viejo aforismo de sabiduría quirúrgica, repetido con multitud de variantes: el joven cirujano debe aprender primero cómo operar; el cirujano maduro, cuándo operar; y el cirujano sabio, cuándo no operar. No existe una fuente única verificable, y se atribuye tradicionalmente a varios autores clásicos, como René Leriche (“la cirugía es la ciencia de la incertidumbre y el arte de la decisión”), o William Mayo (“the best surgeon is the one who knows when not to operate”). Ciertamente en la docencia quirúrgica actual se otorga una enorme trascendencia a las indicaciones (saber cuándo operar), pero no es menos cierto, que, en la práctica, la sabiduría de cuando no hacerlo llega con la experiencia.
Las lecciones de la Vigilancia Activa (Active Surveillance) para el Carcinoma Diferenciado de Tiroides no se refieren exactamente a este aforismo, que aplica más apacientes concretos, pero el fundamento es el mismo. Es más, va un paso más allá, ya que incluye aspectos poblacionales, e incluso los principios bioéticos básicos de la autonomía del paciente y la evitación del daño innecesario.
En el manejo del Carcinoma Diferenciado de Tiroides de bajo riesgo, este razonamiento se ha transformado en estándar clínico gracias a la acumulación de evidencia científica y a su consolidación en las nuevas guías de referencia internacional. Así lo recoge, de forma explícita, la Guía de la American Thyroid Association (ATA) 2025—publicada y vigente desde el verano—que establece la vigilancia activa como opción en primer nudo de decisión después del diagnóstico (1).
La vigilancia activa consiste en ofrecer una actitud expectante a pacientes con diagnostico confirmado de carcinoma diferenciado de tiroides que cumplen criterios de bajo riesgo. Se monitorizará periódicamente al paciente, sin intervención quirúrgica inicial, reservando la cirugía solo para casos de progresión tumoral significativa o nuevos criterios de exclusión. Los datos de seguimiento a largo plazo muestran tasas muy bajas de crecimiento tumoral (3-5% a 10 años), mínima aparición de metástasis nodales (<2%), y una supervivencia equivalente a la de la cirugía inmediata.
Disponer de un Protocolo de Vigilancia Activa implica que un porcentaje de pacientes nunca llegan a cirugía, evitando así riesgos innecesarios. El análisis de series clínicas demuestra de forma consistente que los servicios que aplican vigilancia activa reducen complicaciones y secuelas (como la parálisis recurrencial o el hipoparatiroidismo), manteniendo tasas de curación y supervivencia excelentes.
No incorporar esta opción—en 2025—puede suponer sobretratamiento, aumento de costes y de complicaciones. Pero, además, hoy, es una exigencia ética en relación con el principio de autonomía y el derecho a la información del paciente: la ausencia de la opción de vigilancia activa deja fuera de los estándares actuales a cualquier servicio o profesional.
¿Aún no conoces o aplicas la vigilancia activa en Cáncer de Tiroides? ¿Te interesa contribuir a mejorar la práctica real?
Si eres un médico implicado en la atención a pacientes con Cáncer de Tiroides, te invitamos a participar y a difundir nuestro cuestionario. Tu experiencia y tu visión son fundamentales para transformar la asistencia en este campo.
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J Granell. 9 nov 2025